¡Bienvenidos de nuevo a este vuestro blog, amantes de la buena cocina y de los videojuegos!
Hoy, nuevamente en esta nuestra/vuestra bitácora, encendemos los fogones con algo más que hambre. Antes de empezar, toca decirlo claro: perdón por haber tardado en traer nueva entrada. A veces el ritmo no lo marca el calendario, sino la cabeza. Y cuando la cabeza necesita bajar el fuego, no queda otra que escucharla. Porque sí, esto va de videojuegos y de cocina, pero también va de algo que no siempre se pone sobre la mesa: la salud mental.
Cuidarse no es opcional. Ni en el trabajo, donde muchas veces se nos exige estar siempre “al punto”, ni en la vida personal, donde cargamos con más de lo que decimos. Y en todo eso hay algo clave: no dejarse arrastrar por la toxicidad del ambiente, aprender a poner límites y a proteger tu propio espacio. Saber parar, desconectar, apoyarse en la gente que tienes cerca… eso también es parte de la receta. Y en ese equilibrio entran cosas que parecen pequeñas, pero no lo son: echar una partida a algo que te atrape, compartir tiempo con la familia, reírte con amigos o meterte en la cocina a preparar algo con tus manos. Son esos momentos los que, sin hacer ruido, te ayudan a recolocarte. A veces no solucionan todo, pero sí te dan aire.
Y precisamente de eso va el plato de hoy. De una experiencia que, sin levantar la voz, consigue tocarte por dentro. Empieza como algo sencillo: un descenso inesperado, un lugar desconocido, personajes que parecen sacados de un cuento extraño. Pero poco a poco te das cuenta de que no estás solo jugando, estás decidiendo, sintiendo, incluso cuestionándote cosas que normalmente no te planteas frente a una pantalla. Es uno de esos juegos que no entran por los ojos, sino que se quedan contigo después, cuando ya has apagado la consola.
Hablar de «Undertale» es como abrir un horno del que no sabes muy bien qué va a salir: ¿un RPG clásico? ¿una sátira? ¿una experiencia emocional que te deja mirando al techo? La respuesta corta es “sí a todo”, pero la larga —la buena— merece cocinarse a fuego lento, como esa tarta de canela que alguien muy especial prepara en el juego. Y cuanto más tiempo pasas con él, más capas encuentras, como esas recetas que parecen simples, pero esconden técnica y mimo en cada paso.
Para empezar por lo básico: Toby Fox es el responsable absoluto de esta obra. No solo diseñó el juego, también escribió su historia, programó gran parte del código y compuso la banda sonora. El título se lanzó originalmente en 2015 para PC (Windows y macOS), y poco después llegó a Linux ese mismo año. Su éxito fue tal que dio el salto a otras plataformas: PlayStation 4 y PlayStation Vita en 2017, Nintendo Switch en 2018, y finalmente Xbox One en 2021. Un recorrido que no es solo una expansión comercial, sino la prueba de que estamos ante una de esas obras que encuentran su público allá donde van, creciendo como esas recetas que pasan de una cocina a otra sin perder su esencia.
En cuanto a su naturaleza, este título es un RPG independiente con una fuerte base narrativa, pero reducirlo a eso sería como decir que un bizcocho es solo harina. Sí, lo es… pero también es textura, aroma y emoción. Pertenece al género de los juegos de rol, aunque incorpora mecánicas de esquiva y reflejos dentro de los combates y toma decisiones morales de una forma tan orgánica que acaba redefiniendo lo que entendemos por “jugar bien” o “jugar mal”. Además, consigue algo poco habitual: que incluso las acciones más pequeñas tengan peso, como ese ingrediente que parece secundario, pero cambia todo el plato.
La historia arranca con un niño que cae en un mundo subterráneo habitado por monstruos. Hasta aquí todo suena a cuento clásico, pero pronto el juego deja claro que no quiere seguir recetas conocidas. Ese mundo, lejos de ser un lugar puramente hostil, está lleno de personajes que respiran personalidad: torpes, entrañables, sarcásticos, incluso profundamente trágicos. El jugador puede elegir cómo relacionarse con ellos, y ahí está la clave: puedes luchar… o puedes no hacerlo. Esta decisión, que en otros juegos sería anecdótica, aquí se convierte en el eje central de la experiencia. La obra no solo recuerda lo que haces, sino cómo lo haces, y construye su narrativa alrededor de tus acciones de una forma sorprendentemente coherente. Hay múltiples rutas —la pacifista, la neutral, la genocida— y cada una transforma el tono del juego, sus diálogos e incluso su música. Es como si la receta cambiara dependiendo de si decides añadir azúcar o sal, y además te hiciera consciente de por qué has elegido ese sabor.
En lo jugable, mezcla exploración clásica de RPG con combates que rompen el molde. Cuando entras en batalla, no te limitas a seleccionar acciones en un menú: el juego te pide estar atento, moverte con precisión y reaccionar a lo que ocurre en pantalla. Controlas un pequeño corazón que debe evitar ataques con distintos patrones, casi como si cada enemigo propusiera su propio minijuego. Pero lo realmente interesante es que puedes interactuar con los enemigos de formas no violentas: hablar, bromear, consolar… Cada criatura tiene su propia “forma de cocinarse”, por decirlo así, y descubrir cómo evitar el combate se convierte en un pequeño puzle emocional. Este sistema hace que cada encuentro sea único y añade una capa de creatividad constante, haciendo que incluso repetir zonas tenga algo nuevo que ofrecer.
Eso sí, hay un detalle importante a tener en cuenta para quienes todavía no se hayan adentrado en el subsuelo de« Undertale´´: el juego se lanzó originalmente únicamente en inglés. Aun así, su nivel de vocabulario es bastante accesible y muchos jugadores han conseguido disfrutarlo sin demasiadas dificultades incluso sin dominar completamente el idioma. Pero si preferís vivir la experiencia en castellano, la comunidad también ha hecho un trabajo enorme durante estos años y existen parches de traducción al español que permiten disfrutar de todos sus diálogos, bromas y momentos emocionales sin perderse nada por el camino. Y teniendo en cuenta lo importante que es aquí cada palabra, cada pequeño matiz y cada conversación, poder entenderlo todo ayuda todavía más a conectar con la aventura.
Gráficamente, apuesta por un estilo pixel art deliberadamente sencillo. En una época obsesionada con el realismo, esto podría parecer una limitación, pero aquí funciona como una declaración de intenciones. Los sprites son simples, casi minimalistas, pero están cargados de expresividad. Un par de píxeles pueden transmitir más emoción que un modelo en 3D con miles de polígonos. Además, el juego utiliza esos recursos de forma creativa, rompiendo la cuarta pared, jugando con la interfaz y sorprendiendo constantemente al jugador. Es como un plato humilde que, gracias a una buena técnica, termina siendo memorable, demostrando que no hace falta un despliegue visual enorme para dejar huella.
Y luego está la música. La banda sonora de Toby Fox es, sin exagerar, uno de los pilares del juego. Temas como “Megalovania”, “Hopes and Dreams” o “Undertale” no solo acompañan la acción, sino que la elevan. Cada pieza está pensada para reforzar la emoción del momento, ya sea tensión, melancolía o pura épica. Lo curioso es cómo la música también cambia según tus decisiones, reflejando el estado del mundo que tú mismo has ayudado a construir. Es una OST que no solo se escucha, se siente… y se recuerda mucho después de haber terminado el juego, como ese sabor que no se te va de la cabeza.
Como toda buena obra con alma, está lleno de curiosidades. Por ejemplo, su desarrollo comenzó como un pequeño proyecto inspirado en EarthBound, pero fue creciendo gracias a una campaña de crowdfunding. Muchas de sus mecánicas más rompedoras —como la capacidad de recordar partidas anteriores— surgieron casi como experimentos que acabaron definiendo el juego. También es famoso por romper la cuarta pared de maneras inesperadas, haciendo que el jugador se sienta observado… incluso juzgado. Y luego están sus personajes, convertidos en iconos culturales: Sans, Papyrus, Undyne… cada uno con su propia legión de fans y con momentos que se quedan grabados.
Pero si hay un personaje que se lleva el premio al corazón más cálido (y nunca mejor dicho), esa es Toriel. En el juego, actúa como una figura maternal para el protagonista, y uno de sus gestos más memorables es precisamente ofrecerle una deliciosa tarta de caramelo y canela. No es solo un objeto cualquiera, es una forma de cuidado, una pausa en medio de la incertidumbre, un momento que el jugador recuerda casi tanto como los grandes enfrentamientos. Es ese tipo de detalle que convierte una experiencia en algo personal.
Lo fascinante de esta obra es que consigue algo muy difícil: que el jugador se detenga a pensar. En un medio donde la acción suele primar sobre la reflexión, te invita a cuestionarte constantemente. ¿Qué significa ganar? ¿Qué significa perder? ¿Es posible terminar un juego sin hacer daño a nadie? Y si lo haces… ¿qué consecuencias tiene? Son preguntas que no suelen aparecer en un RPG tradicional, pero aquí son el ingrediente principal, dejando un poso que va más allá de la partida.
Además, el tono del juego es una mezcla deliciosa de humor y emoción. Puede hacerte reír con un chiste absurdo en un momento, y al siguiente golpearte con una escena profundamente emotiva. Esa montaña rusa tonal está manejada con una precisión sorprendente, como si cada ingrediente estuviera medido al milímetro, logrando que nunca pierda el equilibrio.
En definitiva, «Undertale» no es solo un videojuego, es una experiencia que se cocina lentamente y que deja huella. Su combinación de narrativa, jugabilidad innovadora, estética sencilla y música inolvidable lo convierten en un plato difícil de olvidar. Y como toda buena receta, invita a repetirse… pero nunca sale exactamente igual, porque depende de ti, de tus decisiones, de cómo quieras jugar.
Así que sí, podemos analizarlo desde muchos ángulos: como RPG, como fenómeno indie, como experimento narrativo. Pero quizá la mejor forma de entenderlo es sentarse, jugarlo y dejar que te hable. Y, si puede ser, con una buena porción de tarta de caramelo y canela al lado. Porque hay historias que saben mejor cuando se acompañan con algo dulce y si hay algo de lo que sabemos en este blog es de preparar cosas así. Por ello os invitamos a tomar nota por si queréis emular la labor de Toriel y saborear esta dulce receta a la que nuevamente le hemos agregado nuestro toque.
¡Esperemos que os guste! ¡Allé Vamos!
PRESSTARTCOOK
Tarta de Caramelo y Canela «Undertale´´
Ingredientes
Para la Base:
-200 Grs Harina Trigo
-50 Grs Azúcar Glas
-5 Grs Sal
-120 Grs Mantequilla
-3 Yemas Huevo
-1 Cucharadita Extracto Vainilla
-15 Ml Leche Fría
Para el Relleno:
-4 Yemas Huevo
-48 Grs Maicena
-600 Ml Leche
-240 Ml Nata Montar
-110 Grs Azúcar Moreno
-55 Grs Mantequilla
-1 Cucharadita Canela Polvo
-1 Pizca Sal
Para el Merengue:
-4 Claras Huevo
-200 Grs Azúcar
-1 Pizca Sal
-C/S Zumo Limón
Elaboración
Lo primero que vamos a hacer será elaborar la base de la tarta. Para ello vamos a mezclar todos los ingredientes secos a los que previamente iremos incorporando la mantequilla hasta obtener una textura arenosa. Es muy importante que la mantequilla vaya fría, de nevera. Después vamos a añadir las yemas, la vainilla y la leche (Ojo, que esté fresquita) hasta formar una masa.










Una vez la obtengamos la vamos a dejar reposar en forma de disco que posteriormente envolveremos con papel film antes de introducirlo en la nevera durante una hora antes de estirarla con la ayuda de un rodillo y un poco de harina en la superficie para que no se nos pegue y colocarla en el molde. Una vez que la hayamos colocado bien vamos a pinchar la base con la ayuda de un tenedor para ir haciendo agujeros por toda la superficie.














Cuando esté agujereada la taparemos con papel sulfurizado (el de hornear de toda la vida, vaya) y le vamos a poner peso encima poniendo por ejemplo algunos garbanzos que tengamos por casa o bien algunas bolas que se venden especiales para horneado. Una vez preparado todo esto vamos a darle un primer horneado, teniendo el horno preparado a 180ºC y horneándola durante 18 minutos.



Pasado este tiempo vamos a retirar el peso y el papel y la terminaremos hasta que veamos que esté dorada (Unos 5-10 minutos aproximadamente).



Sacamos del horno y dejamos enfriar, momento en el que vamos a ir elaborando el relleno para el cual iremos mezclando las yemas con la maicena y parte de la leche. Aparte, vamos a poner la mantequilla en un cazo hasta derretir junto con el azúcar moreno hasta que la mezcla burbujee; después vamos a incorporar la nata y el resto de la leche.











Añadimos a hora la mezcla de yemas sin dejar de remover y lo vamos a dejar cocinar a fuego bajo hasta que espese. Finalmente le vamos a dar el toque aromatizado añadiendo la canela y la pizca de sal.




Una vez que la base se haya enfriado, vamos a verter el relleno caliente, alisando la superficie y se dejando enfriar a temperatura ambiente durante una hora tapándola con un poco de papel fil para evitar que nos salga costra en la superficie. Pasado este tiempo la vamos a dejar reposar durante otras cuatro horas en la nevera hasta que tenga consistencia firme.


Y como en este vuestro blog no tiramos nada, vamos a aprovechar alguna de las claras que hemos separado de los huevos para utilizar las yemas de la receta para elaborar un delicioso merengue, batiéndolas hasta que obtengas consistencia, momento en el que iremos añadiendo el azúcar poco a poco, la sal y el limón hasta obtener picos firmes, que colocaremos sobre la tarta fría a modo de decoración con la ayuda de una manga pastelera. Después y con la ayuda de un soplete vamos a gratinar el merengue.











Hasta aquí esta nueva parada en nuestra cocina virtual. Esperamos que hayáis disfrutado tanto del viaje por el subsuelo de« Undertale´´´ (y más tras nuestro chustero análisis) como de esta tarta inspirada en uno de los personajes más entrañables del juego. Porque al final, igual que ocurre en esta aventura, a veces los pequeños gestos son los que más se quedan con nosotros: una conversación inesperada, una melodía que no se olvida… o un postre compartido alrededor de la mesa.
Nosotros seguiremos buscando nuevas historias que cocinar y nuevos sabores que descubrir junto a vosotros. Hasta entonces, cuidaos mucho, no dejéis que nadie os robe vuestra paz y …. ¡Nos seguimos leyendo sin falta, queridos lectores!
Un fuerte abrazo.
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