¡Bienvenidos de nuevo a este vuestro blog, amantes de la buena cocina y de los videojuegos!
Lo primero de todo queremos pediros disculpas por haber tenido esto un poquito abandonado. Tranquilos, que no nos habíamos olvidado del blog tal y como va a hacer Sony con el formato físic…ejem. Simplemente estamos disfrutando de unas buenas y más que merecidas vacaciones y, entre escapadas, ratos de descanso y ese maravilloso arte de no mirar el reloj, hemos encontrado un hueco para volver a sentarnos delante del teclado. Que no estábamos muertos… ¡solo de parranda!
Y qué mejor manera de retomar el blog que hablando de uno de los videojuegos que más nos ha sorprendido en lo que llevamos de año. Aunque lo terminamos hace ya unos meses, había una pequeña deuda pendiente con él, porque hay títulos que necesitan reposar un poco antes de escribir sobre ellos. Una vez dejas pasar el tiempo es cuando te das cuenta de cuáles se quedan contigo… y el título del que os queremos hablar hoy es uno de ellos.
No vamos a engañar a nadie: no entraba en nuestras quinielas como “uno de los grandes descubrimientos del año”. Pero aquí estamos, con la sensación de que nos ha pasado por encima de una forma muy elegante… de esas que no hacen ruido, pero dejan huella.
Hay juegos que te enganchan por su jugabilidad, otros por su apartado artístico, otros por su historia. Y luego está «Clair Obscur: Expedition 33´´, que consigue hacer un poco de todo eso al mismo tiempo sin parecer que se está esforzando demasiado.
Lanzado en 2025, el primer trabajo del estudio francés Sandfall Interactive y publicado por Kepler Interactive, llegó a PlayStation 5, Xbox Series X|S y PC y no tardó en convertirse en uno de los fenómenos del año gracias a las magníficas críticas recibidas tanto por la prensa como por los jugadores.
Su calidad también se ha visto reflejada en la temporada de premios. El juego ha recibido numerosos galardones, entre ellos varios reconocimientos a su narrativa, apartado artístico, banda sonora y, cómo no, el premio a Mejor Juego del Año en diferentes certámenes internacionales. Un debut que ha puesto a Sandfall Interactive en el mapa de la mejor manera posible.
El planteamiento es, cuanto menos, potente. Nos situamos en un mundo marcado por una figura misteriosa conocida como la Paintress (o la Pintora para aquellos que como nosotros tenemos un nivel nulo de francés), capaz de decidir el destino de las personas con un simple gesto. Cada año, marca un número, y todas las personas que alcanzan esa edad desaparecen sin dejar rastro. Así, sin más. Un concepto tan sencillo como devastador.
Bajo ese contexto nace la Expedición 33, un grupo de personas que decide embarcarse en una misión que, sobre el papel, suena casi imposible: poner fin a ese ciclo antes de que no quede nadie más a quien salvar. Y claro, a partir de ahí empieza un viaje que no tarda en ponerse serio, muy serio.
Lo interesante es que el juego no tiene prisa en contártelo todo. No te suelta la historia de golpe ni te bombardea con explicaciones desde el minuto uno. Prefiere dejarte respirar, observar, avanzar y, poco a poco, ir encajando las piezas. Y eso hace que todo lo que ocurre tenga un peso diferente.
Hay algo muy especial en cómo está escrita la narrativa. No es solo lo que pasa, sino cómo lo vives. Y eso, en un RPG, al menos bajo nuestro humilde punto de vista, no siempre es fácil de conseguir y mucho más cuando, siendo completamente sinceros, tenemos que decir que este género nunca ha sido plato de nuestro gusto. No es que no nos gusten, pero tampoco somos de los que se sientan a rejugar sistemas de combate complejísimos durante horas como si nada.
No sabemos si es por la forma en la que mezcla los turnos clásicos con mecánicas más activas, o por cómo te obliga a estar realmente presente en cada combate, pero el caso es que aquí no te puedes limitar a elegir una acción y mirar cómo todo ocurre. Aquí tienes que participar, reaccionar, equivocarte, aprender y volver a intentarlo.
Todo esto, para nosotros, ha sido clave. Porque cuando un RPG consigue que no desconectes ni siquiera en sus momentos más “de sistema”, es que algo está funcionando muy bien. Y aquí es donde viene la parte más curiosa de todo esto. Porque si nos hubieran dicho hace unos años que íbamos a terminar enganchados a un sistema de combate por turnos (lejos de Pokémon o nuestro querido Sea of Stars) de esta manera, probablemente habríamos sonreído con escepticismo y cambiado de tema bastante rápido.
Pero «Clair Obscur: Expedition 33´´ ha hecho algo que no es nada fácil: ha conseguido que entremos en su ritmo sin darnos cuenta.
Su sistema de combate parte de la base de los RPG por turnos de toda la vida, pero introduce una serie de mecánicas que hacen que el jugador tenga que estar atento en todo momento. Aquí no basta con seleccionar un ataque y esperar a que termine la animación. Durante los enfrentamientos tendremos que esquivar, saltar, realizar contraataques y, sobre todo, dominar el sistema de parry, una de las grandes señas de identidad del juego.
Y es que ejecutar un parry en el momento exacto resulta tremendamente satisfactorio, esquivar en el último segundo, en bloquear justo a tiempo o en encadenar una serie de acciones que salen mejor de lo que esperabas. No es un sistema revolucionario por el hecho de serlo, sino porque está pensado para que nunca te desconectes. Al principio cuesta cogerle el punto, no os vamos a engañar, pero una vez empiezas a entender los patrones de los enemigos, encadenar varios bloqueos perfectos y responder con un potente contraataque se convierte en una auténtica delicia. Es uno de esos sistemas que recompensa el aprendizaje y que hace que cada combate tenga un componente de habilidad que va mucho más allá de elegir la habilidad más poderosa.
Eso sí, también creemos que tiene una pequeña cara B. Cuando ya llevas muchas horas de partida y te enfrentas a enemigos claramente inferiores a tu nivel, algunos combates pueden hacerse algo repetitivos. Aunque el sistema sigue siendo divertido, hay momentos en los que uno acaba pensando que esos enfrentamientos podrían resolverse de una forma más ágil, ya que volver a ejecutar las mismas mecánicas contra rivales que apenas suponen un desafío termina rompiendo un poco el ritmo de la aventura.
Lo mejor es que, incluso cuando pierdes, rara vez tienes la sensación de injusticia. Más bien todo lo contrario: sabes perfectamente cuándo has fallado tú. Y eso, aunque pueda parecer duro, es precisamente lo que hace que el juego te empuje a mejorar sin necesidad de castigos exagerados.
La progresión de los personajes también nos ha parecido uno de los grandes aciertos del juego. Cada vez que subimos de nivel obtenemos puntos que podemos invertir en el árbol de habilidades, permitiéndonos personalizar a cada miembro del grupo según nuestro estilo de juego. No se trata únicamente de desbloquear ataques más potentes, sino de ir construyendo personajes con funciones muy diferentes dentro del combate, experimentando con nuevas habilidades, sinergias y estrategias que invitan constantemente a probar configuraciones distintas.
A todo ello se suma el sistema de Pictos y Luminas, que añade una capa extra de personalización y hace que siempre tengas la sensación de estar mejorando a tu equipo. Nunca da la impresión de que progresar sea simplemente subir números; siempre hay alguna decisión que tomar y eso mantiene el interés durante toda la aventura.
Más allá del combate, el juego construye su experiencia sobre un mundo que no necesita ser gigantesco para resultar memorable. Aquí no estamos ante un mapa infinito lleno de iconos, sino ante un diseño más contenido, más pensado, más consciente de lo que quiere mostrar.
La exploración tiene algo de pausa, de observación. No es raro encontrarse avanzando despacio simplemente por mirar alrededor, por ver cómo la luz cambia un escenario o cómo una zona aparentemente secundaria esconde más personalidad de la que parecía al principio. El juego sabe cuándo dejarte combatir y cuándo simplemente invitarte a disfrutar del camino, algo que se agradece muchísimo.

Pero si hay un lugar donde realmente respira la aventura es en los momentos de descanso. Cada vez que llegamos a una hoguera, además de servir como punto para recuperar fuerzas, mejorar a nuestros personajes o gestionar el equipo, también tenemos la oportunidad de conversar con los distintos miembros de la expedición.
Y aquí es donde el juego vuelve a demostrar que no todo consiste en combatir. Estas conversaciones, lejos de ser un simple trámite, ayudan a conocer mucho mejor a cada personaje, sus inquietudes, sus miedos y sus motivaciones. Poco a poco se va construyendo un vínculo entre todos ellos que hace que el grupo resulte cada vez más creíble y cercano.
Nos ha gustado especialmente que estas escenas sean completamente opcionales. Nadie te obliga a detenerte a hablar con tus compañeros, pero hacerlo tiene recompensa. No solo porque descubres nuevos detalles de la historia y del mundo que te rodea, sino porque acabas encariñándote de ellos. Conforme avanzan las horas, dejan de ser simples compañeros de equipo para convertirse en un grupo de personas con las que realmente quieres llegar hasta el final del viaje.
Hay una sensación constante de estar dentro de algo muy cuidado, muy medido. Como si cada rincón, cada conversación y cada pausa entre combate y combate tuvieran un propósito más allá de rellenar horas de juego. Y esa atención por los pequeños detalles es una de las razones por las que Expedition 33 consigue dejar un recuerdo tan especial cuando aparecen los créditos finales.
El apartado visual de Expedition 33 es de esos que no buscan el realismo extremo ni la sobrecarga de efectos. Aquí lo que manda es la dirección artística. Y vaya si manda porque si hay algo que nos ha quedado claro después de jugarlo es que este juego no necesita gritar para destacar en lo que artísticamente se refiere.
Hay escenarios que parecen directamente sacados de una ilustración en movimiento, con una paleta de colores que sabe muy bien cuándo ser brillante y cuándo volverse más apagada para acompañar el tono de la historia. No es solo “qué bonito se ve todo”, es más bien “qué bien encaja todo con lo que está pasando”.
Los personajes también siguen esa misma filosofía. No buscan ser excesivamente complejos a nivel visual por el simple hecho de serlo, sino transmitir personalidad. Y lo consiguen. Cada uno tiene su propia presencia, su forma de moverse, su manera de ocupar el espacio.
Es de esos juegos en los que, sin darte cuenta, te paras más de lo necesario solo para mirar alrededor. Y eso, en nuestro caso, siempre es buena señal.
Y aquí llegamos a uno de los puntos que más nos ha tocado la fibra.
La música de este juego no acompaña la historia. La empuja. La sostiene. La eleva.
Hay composiciones que aparecen en momentos muy concretos y que consiguen que escenas que ya de por sí funcionan bien pasen directamente a quedarse grabadas en la memoria. Y luego están esas otras piezas que, fuera del juego, siguen teniendo sentido por sí mismas.
No es casualidad que, nada más terminarlo, la banda sonora haya pasado directamente a formar parte de nuestra playlist videojueguil personal. De esas que pones sin pensar demasiado, pero que siempre acaban acompañando momentos importantes del día.
Mientras cocinamos, mientras trabajamos, mientras simplemente estamos en casa con algo de fondo… hay algo en su música que sigue ahí, recordándonos lo que hemos vivido dentro del juego.
Y eso no pasa con cualquier título.
Al final, lo más interesante de todo esto no es si el sistema de combate es más o menos original, si los gráficos son mejores o peores que otros lanzamientos o si la historia tiene giros más o menos sorprendentes.
Lo importante es lo que te deja cuando lo terminas.
Y en nuestro caso, « Obscur: Expedition 33´´ nos ha dejado una sensación muy clara: la de haber jugado a algo que no esperábamos que nos gustara tanto… y que, sin embargo, nos ha terminado conquistando.
No somos especialmente fans del género RPG. Eso no ha cambiado. Pero sí ha cambiado otra cosa: ahora sabemos que dentro del género hay experiencias que pueden romperte los esquemas sin necesidad de hacer grandes aspavientos.
Este juego lo ha conseguido con nosotros.
Nos ha hecho volver, durante unas horas, a ese estado en el que no piensas tanto en “lo que estás jugando” sino en “lo que estás viviendo”. Y eso, en un medio como este, es probablemente uno de los mayores cumplidos que se pueden hacer.
Por ello, y como no podía ser de otra manera, hemos decidido brindarle un más que merecido homenaje en forma de receta. Desde el primer momento teníamos claro que queríamos elaborar un plato con ese inconfundible toque francés que desprende «Clair Obscur: Expedition 33´´ en cada uno de sus escenarios, personajes y detalles artísticos, pero que al mismo tiempo hiciera un pequeño guiño a su nombre y a la historia que nos ha acompañado durante toda la aventura.
La elección no podía ser otra que unos éclairs, conocidos en muchas pastelerías de nuestro país como petisús. Nos ha parecido la receta perfecta para representar un juego que nos ha transmitido mucho más de lo que esperábamos: un viaje sobre el paso del tiempo, el valor de quienes caminan a nuestro lado y la importancia de no perder nunca la esperanza, incluso cuando todo parece estar en contra. Al igual que ocurre durante la expedición, preparar esta receta requiere un poco de paciencia, cariño y dedicación, pero el resultado final hace que todo el esfuerzo merezca la pena. Y creednos, hemos disfrutado tanto elaborándola como recordando todo lo que este grandísimo título nos ha hecho sentir mientras nos inspirábamos para darle forma.
El resultado es un pastel muy francés, elegante y melancólico: una mitad luminosa de vainilla y una mitad oscura de cacao que recuerda perfectamente al concepto de Clair Obscur.
Sin más dilación vamos a ir preparando nuestro petate con todos los utensilios necesarios para formar una nueva expedición hasta los fogones de nuestra/vuestra cocina.
¡Esperemos que os guste! ¡Allé Vamos!
PRESSTARTCOOK
Para la Masa Choux
Ingredientes:
-125 Ml Agua
-125 Ml Leche Entera
-100 Grs Mantequilla
-1 Pizca Sal
-10 Grs Azúcar
-150 Grs Harina
-5 Huevos*
Para la crema del Relleno
Ingredientes:
-500 Ml Leche Entera o de Avena**
-70 Grs Azúcar
-55 Grs Harina Maíz
-1 Cucharadita Esencia Vainilla
-50 Grs Margarina
Para el Glaseado Clair:
Ingredientes:
-150 Grs Azúcar Glas
-2 Cucharadas de Leche Entera o de Avena
-C/S Esencia de Vainilla
Para el Glaseado Obscur:
Ingredientes:
-100 Grs Chocolate Negro Fundir
-10 Grs Margarina
-50 Ml Leche Entera o de Avena
Elaboración
Antes de empezar a elaborar primero vamos a precalentar el horno a180°C. Mientras este va pillando temperatura vamos a poner al fuego un cazo en el que pondremos el agua, la leche, la mantequilla, la sal y el azúcar, donde removeremos todo bien para que se integren todos los ingredientes. Una vez que esto empiece a hervir añadiremos toda la harina de golpe. Retiramos del fuego y removemos todo muy bien hasta que obtengamos una masa lisa que se despegue de las paredes del cazo.






Ahora, la vamos a dejar templar durante unos 5 minutos y cuando pase este tiempo iremos añadiendo los huevos de uno en uno, moviendo bien para que se mezclen con la masa. Recordad es Muy Importante, de uno en uno para que el resultado de la masa nos salga bien.
Cuanto hayamos mezclado bien todos los huevos (lo vamos a ver cuándo la masa cuelgue digamos en forma de v al utilizar una espátula o una lengua pastelera) vamos a pasar la masa a una manga pastelera en la que colocaremos una boquilla rizada para realizar las piezas.


En una bandeja de horno y colocando papel sulfurizado (el de hornear de toda la vida, vaya) formaremos los éclairs teniendo estos una longitud de unos 12 centímetros, arriba o abajo, que no hace falta tener precisión francesa para ello.
Chistes malos aparte, vamos a hornearlos durante 25 minutos y ojo ¡Es muy importante no abrir el horno durante el proceso! Ya que si lo hacemos estos no van a subir y no vamos a poder rellenarlos a posteriori.



Mientras se van horneando vamos a ir elaborando la crema para el relleno. Como bien habéis podido ver a la hora de nombrar los ingredientes al principio de la receta, podemos utilizar leche entera, de avena o cualquier bebida vegetal si sois intolerantes como lo podemos ser por esta nuestra cocina. Para ello solo tenemos que poner parte de la leche a infusionar en un cazo junto con la esencia de vainilla. No vamos a utilizar toda pues parte de ella la vamos a utilizar para disolver la harina de maíz para que esta ligue bien y no queden grumos. Una vez esta se integre bien con la leche añadiremos el azúcar removiendo totalmente para conseguir el mismo resultado.
Una vez que la leche infusionada esté caliente (que no hirviendo) añadimos la mezcla anterior y con la ayuda de una varilla iremos removiendo hasta que espese. En este momento apagaremos el fuego y añadiremos la margarina para que se funda bien.





Pasamos la crema a un recipiente y la tapamos a ras con papel film para evitar que nos salga costra en la superficie de esta. La dejamos enfriar en la nevera una media hora.
Una vez fría la pasaremos a una manga pastelera e iremos rellenando las piezas que una vez horneadas las dejaremos reposar un poquito. Cuando podamos manejarlas sin quemarlas con la propia manga iremos haciéndole agujeros por la base con la ayuda de la manga pastelera para ir rellenando los éclairs. Los dejamos reposar una vez que los tengamos rellenos.



Ahora vamos a ir elaborando los glaseados. Para hacer el clair lo único que tendremos que hacer será mezclar el azúcar glas con las dos cucharadas de leche, removiendo bien y obteniendo una crema.


Para el obscure, vamos calentar la leche y se añadiremos por encima poco a poco al chocolate removiendo para que se vaya deshaciendo bien. Como le va a costar un poquito, vamos a colocar el recipiente donde lo estamos elaborando encima de un cazo con agua y lo pondremos a fuego medio para deshacerlo al baño maría. Retiramos y añadimos la margarina para que le dé algo de brillo.




Cuando todo esté algo atemperado vamos a pasar las piezas primeramente por el glaseado blanco, que cubra más o menos la mitad de este y después del glaseado negro por la otra mitad de forma que nos queden con dos colores.
Dejamos enfriar y decoramos la parte negra espolvoreando azúcar glas por encima y la parte blanca con chocolate rallado.




Con esto ya solo nos queda disfrutar de la receta mientras la acompañamos de una buena partida a este delicioso juego, disfrutando de su maravillosa OST o vislumbrando su maravilloso arte.
Y ahora sí, toca volver a nuestras vacaciones, a nuestra rutina tranquila que nos producen estos días estivales y a seguir disfrutando de grandes juegos que tenemos en la lista de deberes pendientes, que no son pocos.
Nos llevamos de «Clair Obscur: Expedition 33´´ algo más que una partida terminada. Nos llevamos la sensación de haber descubierto un juego que, sin hacer demasiado ruido, ha acabado entrando directo en nuestra lista de imprescindibles del año.
Si os gustan los RPG, probablemente ya lo tengáis en el radar. Y si no sois especialmente del género… bueno, ya sabéis lo que nos ha pasado a nosotros. A veces uno dice “esto no es lo mío” y el juego se encarga de demostrarte lo contrario con bastante elegancia, y no la de Francia***, precisamente.
Nosotros sin más nos despedimos hasta la siguiente entrada, que, de verdad, esperemos que no tarde tanto en llegar como esta para vuestro total deleite, queridos lectores.
¡Nos seguimos leyendo sin falta!
INSERT COIN
*Son 5 huevos si los utilizáis camperos o de tamaño M. Si los compráis de tamaño L con tres os serán suficiente.
** Podéis utilizar la leche o bebida vegetal que queráis si tenéis intolerancias o alergias.
*** Ningún post sin su referencia o chiste de Los Simpson.
Por nuestra parte, nos vamos ya de vuelta a la cocina —que esto sigue siendo Presstartcook al fin y al cabo—, pero volveremos pronto con más recetas, más videojuegos y más historias que compartir.Final del formulario


























